Anoche regresé de Roma después de una intensa actividad gastronómico-cultural. Ha sido un viaje fantástico en el que hemos podido vislumbrar (en tres días no da tiempo a mucho más) una de las ciudades más increibles y maravillosas que existen. Cada esquina, cada calle de Roma es un trozo de la Historia de Occidente y sus numerosísimos monumentos te lo recuerdan a cada paso.
El viaje comenzó de manera inmejorable. Mientras esperábamos para embarcar me fijé que uno de los pacientes pasajeros que aguardaban su turno para entrar en el avión era J., el cantante y líder de Los Planetas, ese grupo del que ya os he hablado un par de veces y del que soy un entregado seguidor. Al aterrizar le esperamos y tuve el honor de saludarde, estrecharle la mano y, en un ataque de fanatismo bastante sonrojante, hacerme una foto con él.
Después de este sorprendente capítulo (que tendrá segunda parte), fuimos al hotel. En realidad es nuestra natural generosidad lo que nos permite llamar hotel a un cubículo solo 30 cm2 más grande que la cama que albergaba en el centro (enorme, eso sí), aunque la verdad es que el trato que nos dispensaron fue exquisito y nunca les agradeceremos lo suficiente el mapa lleno de indicaciones, consejos y rutas que nos confeccionaron en 15 minutos. Como era bastante tarde decidimos ir directamente a cenar al Trastevere: barrio supuestamente bohemio en donde, según parece, están los sitios más económicos y aconsejables para ir a comer una buena pizza o un riquísimo plato de macarrones.
Cuando llegamos al dichoso barrio, después de una gesta en el autobús que fue nuestro bautizo de fuego en el trasporte público romano, nos aventuramos a buscar una trattoría o pizzería en la que cenar. Como llovía y estábamos algo alejados del nucleo turístico de la zona terminamos entrando en un ristorante que tenía buena pinta. Por suerte acertamos de pleno y dimos con un sitio típicamente romano y nada turístico donde comimos la mejor pizza cuatro quesos que he probado nunca y un tiramisú casero que nada tiene que ver con el que te ponen en el Pizza Pino.
A partir del día siguiente empezó el verdadero viaje cultural. Nuestra primera parada fue el Vaticano, comenzando por los museos del mismo nombre. Allí están muchas de las obras de arte que todos hemos estudiado en el colegio y otras muchísimas de igual o superior valor. Algunos ejemplos:
Perseo con la cabeza de Medusa
El Laoconte
Esta no sé cómo se llama pero, si así es el dedo del píe…¿cómo sería la cabeza?
El celebérrimo fresco “Escuela de Ateas” de Rafael. Pudimos ver muchísimas obras de este artista en las “Habitaciones de Rafael”, una de las estancias de los museos Vaticanos que más me gustó y emocionó.
Y no todo eran obras clásicas, también había un par de salas llenas de obras modernas e incluso trasgresoras (al estilo Vaticano, claro) como este cuadro que me gustó y que podríamos llamar el “Cristo socialista”
La útlima etapa de los museos vaticanos fue la Capilla Sixtina. Es mucho más grande de lo que imaginaba y es verdaderamente impresionante: todo el techo decorado con escenas del Génesis (con la famosa “Creación de Adán”) y la pared tras el altar con el “Juicio Universal” que magistralmente pintó Rafael. Después del periplo museístico fuimos a la Plaza de San Pedro.
Lo cierto es que el día no acompañaba y nos calló un tremendo chaparrón que nos obligó a refugiarnos bajo la columnata de Bernini. Por suerte, de vez en cuando la lluvia nos daba un respiro y pudimos salir a cielo abierto sin tener que ir tapados con el paraguas.
Mención aparte merece la Basílica de San Pedro. Si bien es un templo imponente y magnífico, la verdad es que me pareció un canto al ego de los distintos papas. En su interior lo que más abundaban eran enormes esculturas de Papas, a cada cual más lujosa y excesiva. No era necesario ir hasta Roma para saber que pobreza y humildad no son cualidades de la jerarquía eclesiástica, pero después de pasar un buen rato en la Basílica de San Pedro me quedó más claro que nunca que si Jesucristo tiene herderos morales, estos no son, desde luego, los Papas.
La sesión de tarde la dedicamos a pasear por la Plaza Navonna, la Plaza de España y demás lugares emblemáticos. El problema es que la lluvia no nos dio tregua y no pudimos disfrutar del ambiente animado y populoso que caracteriza a aquellos lugares.
Finalmente, al caer la noche, nos dirigimos a la Fontana di Trevi. Me sorprendió mucho su tamaño: en realidad no es una fuente sino la fachada de todo un edificio y la disposición de las figuras, su posición y realismo, daba una sensación de movimiento muy
real. Antes de irnos y para cumplir con la tradición tiramos una moneda de espaldas a la fuente mientras pedíamos un deseo.
El día siguiente lo iniciamos en Santa María la Mayor, una de las iglesias que más me gustó de todas las que vi. Además coincidió nuestra presencia allí con una ceremonia religiosa oficiada por quien debía ser el sobrino del Papa a juzgar por la cantidad de complementos que adornaban su clerical vestimenta y por la cantidad de monaguillos, curas y señores con mitra que le escoltaban. Después fuimos a San Pietro in vincoli, una iglesia bastante más sobria de lo que suele ser habitual en Roma pero que alberga una de las obras más conocidas: El Moisés de Miguel Ángel, además de una reliquia la mar de curiosa: las cadenas que sujetaron a
San Pedro cuando le encerraron.
Después le tocó el turno a la Roma imperial. En primer lugar visitamos el Coliseo, teatro romano que hace honor a su nombre a pesar de estar tan mal conservado: varios terremotos y la utilización de sus piedras para construir otros edificios han hecho que el monumento se encuentre en semejante mal estado. Tras el Coliseo, fuimos al Arco de Constantino y luego nos dirigimos hacia los foros imperiales. Allí tuvo lugar el segundo capítulo de nuestra experiencia “planetaria” porque en la entrada del Palatino nos encontramos de nuevo con J. y su novia. Ellos se sorprendieron tanto como nosotros con la casualidad de este segundo encuentro y estuvieron encantados de que les acompañáramos en la visita por las ruinas de la Roma clásica. Así que allí estuve, paseando con él entre columnas y reliquias de hace 2000 años, hablando de arte, de música, del futuro de Los Planetas y de mil cosas más. Me gustó mucho la “normalidad” de la situación y me reprimí bastante para no fusilarle a preguntas ni parecer un fan adolescente. Tanto fue así que vuelvo de Roma con la sensación de que no exprimí lo suficiente esta
oportunidad del destino: al final J. y su novia se fueron a comer y allí nos quedamos sin atrevernos a decirles de ir con ellos o de quedar para cenar por la noche, y estoy seguro de que hubieran aceptado porque como os digo se mostraron encantadores con nosotros.
En fin, después volvimos a la Roma más moderna. Desde la plaza de Venecia, donde está el colosal monumento a Victor Manuel II, anduvimos hasta uno de los templos romanos que más me gustó: el Panteón de Agripa (aunque en realidad es de Adriano). Su estado de conservación es excelente y su bóveda circular con su característica abertura en el medio es de los hitos arquitectónicos que más me han llamado la atención.
El lunes fue el último día de nuestra estancia en Roma y lo aprovechamos para ir a visitar lugares importante que nos quedaban pendientes y otros que ya habíamos visto pero que queríamos volver a ver a plena luz del día y sin el incordio de la lluvia. Así, en primer lugar pasamos por San Juan de Letrán, la Catedral de Roma: un templo precioso, de corte renacentista y que alberga un precioso y antiquísimo claustro. Allí tuvimos la oportunidad de conseguir una indulgencia plena a cambio de rezar un credo, un padre nuestro y de prometerle fidelidad al Papa, lástima que no tuviéramos mucho tiempo para rezar. Luego volvimos a la Plaza de España, la Plaza Navonna y la Plaza del Pueblo, mucho más animadas que la primera vez que las visitamos bajo la lluvia. Finalmente, pasamos por última vez por la Fontana di Trevi para de
cirle “Hasta otra” a una ciudad que, verdaderamente, puede llamarse “La ciudad eterna”








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¿Decir que en este momento os tengo una envidia inigualable es políticamente correcto? Jejeje!! Me alegro un montón de que todo os vaya bien en esta nueva etapa post Hipólito!! (Ya me entendeis!!)
De todas formas, me lo teneis que contar todo en primera persona!! El 6 de febrero viene M.José de Barcelona, asi que tenemos una cita en el asturiano!!
(P.D: Qué guapos estais ambos dos fotografiados!!)
Oh!!! qué gran afortunado eres!!ya se te ve en la foto con la cara de estar flipándolo eh ;-p. Pues ya sabes, ya puedes ir a contarlo a la tele y forrarte y no trabajar nunca más en la vida.
Mil besazos!