Archivo de la Categoría “Egocentrismo”

Ya, ya sé. No está bien hablar de uno mismo, pero si no puedo ser el protagonista de mi propio blog, ¿qué me queda?

  

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Desde hoy y hasta marzo hay 83 días con sus 83 noches. Es lo que, más o menos, queda para que me examine. Si el Tribunal se lo toma con calma, quizá a esos 83 días les podamos sumar algunos más. Por el contrario, si deciden ir a paso ligero, es probable que las 83 jornadas se queden en algo menos. En cualquier caso, lo cierto es que si me pongo de puntillas y oteo el horizonte, el día de mi examen ya se vislumbra. Lejano, sí, pero visible.

Pese a la relativa cercanía de tan fatídica fecha, todavía no me siento “en capilla” como le gusta decir al bueno de mi preparador. Aún no puedo decir que esté nervioso, pero quizá debería estarlo. Soy de esas personas que funcionan mejor bajo presión y esta es una cualidad que no nos hace mucho bien a los opositores, tan acostumbrados a tener las metas a meses de distancia. Así que he decidido que, a partir de hoy, voy a llevar la cuenta de los días que faltan hasta marzo. Y además, intentaré imaginar que 83 días no son 83, sino 23, cuando esté relajado y tenga que motivarme, o 53, cuando lo que necesite sea tomármelo con más calma. Pero siempre menos días de los que en realidad son.

Veremos si el truco funciona y me aplico en serio. Por lo pronto me voy a estudiar ¡¡¡¡¡que ya estamos a 8 de febrero!!!!!

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Vuelvo y revuelvo, como decía Calamaro. El periplo por el Tribunal Supremo y por Madrid ha durado al final cuatro días. Aunque, si soy sincero, el viernes ya habíamos acabado la parte “profesional” del viaje. Ese día lo pasamos entero en el Tribunal Supremo (nota: nunca he visto tanto mármol en el suelo ni tantas molduras en el techo como allí, si hasta las radiadores tenían relives ornamentales). Desde las 9:30 de la mañana estuvimos haciendo lo que se suele llamar “pasillo”. Sin embargo este eufemismo no se ajusta del todo a la realidad ya que el hecho de esperar durante varias horas en una sala con más metros cuadrados que muchas viviendas de 40 millones de pesetas (perdón, de las antiguas pesetas) mientras los nervios te consumen y el tiempo parece congelarse, debería tener otro nombre menos amable y más expresivo que “hacer pasillo”.

En cualquier caso, lo cierto es que vuelvo muy contento de este viaje. He adquirido mucha experiencia y cuando me toque a mi ir a examinarme al menos ya sé cómo es el sitio y cómo funciona todo. Se puede decir que he “humanizado” al Tribunal que nos examina. Ya no son una entelequia en mi mente sino unos señores de carne y hueso, con sus kilos de más, su alopecia y demás complementos humanos.

Ahora ya solo queda la parte más difícil del asunto: estudiar.

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En una hora me voy a Madrid para acompañar a una opositora amiga a su examen. No sé cuándo volveré. Quizá mañana, quizá el sábado, quizá ya la semana que viene, el lunes o el martes. Esta incertidumbre se la debo a nuestro querido Consejo General del Poder Judicial en cuyo sadismo se incluye el no convocar a los examinandos hasta la noche del día anterior al del examen. Es decir: vamos sin saber hasta esta noche, si mi compañera se examina el viernes, y hasta mañana por la noche si quizá se examina el sábado. En definitiva: un despropósito.

No estaría mal que los miembros de los distintos Tribunales calificadores pensaran por un momento que las personas, normalmente, no viven al pie del Tribunal Supremo esperando a que les convoquen con apenas 12 horas de antelación. También deberían reflexionar y recordar sus años mozos, cuando ellos también eran opositores. A lo mejor, y solo a lo mejor porque el endiosamiento es un vicio difícil de superar, recordarían de ese modo la dureza de este proceso y nos tratarían con más humanidad.

En fin, ya os contaré que tal ha ido la experiencia. ¡Hasta pronto!

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Rescato aquí un párrafo escrito en febrero de 2005 para ilustrar el día a día de un opositor…

La vida de un opositor o al menos la vida que debiera llevar (a mi aún me queda una parte humana) es lo más parecido a un régimen carcelario. Tienes que tener un horario perfectamente delimitado. Hay hora para levantarse, para descansar, para comer, para ir al baño, para dormir…y todo el tiempo que no esté planeado, en vez de pasarlo en una oscura celda, lo pasas estudiando. Como los presos, tienes restringida tu libertad y en lugar de visitas vis a vis, vas dos veces en semana al preparador. El día libre que tienes durante la semana se asemeja a la libertad condicional…puedes hacer lo que quieras pero con la condición de estar fresco al día siguiente para reintegrarte en el sistema penitenciario.

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Sed todos bienvenidos a esta nueva etapa de mi blog personal. Este no es más que el comienzo así que con el pasar de los días ya iré añadiendo enlaces, categorías y sobre todo artículos acerca de cosas que me interesan, me preocupan o me afectan.

Oposito Ergo Sum es un blog personal, con todo lo que eso conlleva. Sin embargo espero hacerlo interesante y participativo.

¡Un saludo a todos!

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