El teatro, como la vida, no se detiene. La pantomima del juicio contra Sadam Hussein continúa su marcha fiel al guión y, según parece, en 30 días colgarán al ex-dictador de una soga para que, si hay suerte y no se desnuca a la primera sacudida, muera tras una larga y vengativa agonía.

De nada servirá que la ONU haya calificado como arbitraria la detención de Sadam y que su jucio haya sido de todo menos justo e imparcial. Nada de eso importa porque como ya hemos repetido hasta la saciedad, la invasión de Irak, el juicio al dictador y su condena no son más que los capítulos de un libreto escrito previamente y a cuya representación asistimos.

Además, como ocurre con casi todas las películas de éxito, mucho me temo que ésta también tendrá su secuela. O sus secuelas. Basta con cambiar el decorado. Hoy Irak, mañana Irán, y pasado….pasado ya veremos, el eje del mal es más largo de lo que podemos imaginar y en Hollywood abundan los guionistas aficionados a las soluciones fáciles y a las libertades duraderas.

 

 

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