Archivo de 30 Marzo 2007

El 21 de marzo me examiné por fin. Digo por fin porque el día del examen parecía no llegar nunca. Como ya expliqué, el día exacto en el que uno ha de examinarse es una incógnita que en muchas ocasiones no se despeja hasta el mismo día del ejercicio. Y así me ocurrió a mi. Durante varias semanas parecía que me iba a examinar a mediados de marzo, pero según pasaban los días y se acercaba dicha fecha, nuestro pronóstico se mostró equivocado. En un principio el Tribunal emprendió un ritmo acelerado que trasladó mi turno a principios de mes. Luego, como si se hubieran cansado con semejante sprint, el Tribunal ralentizó su marcha de modo que la cruz en mi calendario abandonó la primera semana de marzo y avanzó poco a poco, día a día, hasta dejar tras de sí dos tercios de mes.

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