Archivo de 7 Noviembre 2006

Sadam Hussein

El "juicio" contra Sadam Hussein ha terminado con una sentencia previsible: condena a muerte. Sirva esta noticia para rescatar una entrada del antiguo blog:

Proyecto de tragicomedia en tres actos:

Acto primero: el adalid de la justicia George W. Bush decide, no sabemos si motu propio o movido por la voz de Dios, iniciar la Cruzada del siglo XXI y liberar al pueblo iraquí del tirano Sadam Hussein. (nota del autor: cuando hagamos la precuela el espectador podrá ver cómo el que ahora es tirano fue, no hace mucho, aliado fiel y amigo del régimen Bush) Acto segundo: La obra da un giro entrando de lleno en el género bélico. Es David contra Goliath, solo que en este caso David pierde. Acero y fuego contra piedras y arena. Masacre de civiles. Tortura en las cárceles. Acto tercero y último: La Democracia gana (hay quien decía que la democracia impuesta es una dictadura, pero eso lo dejaremos para la secuela). La acción se sitúa ahora en una Sala de Justicia que debería llamarse de la Venganza. Es un teatro dentro de otro teatro. Los jueces son actores. La Ley es un libreto. Solo hay un objetivo: venganza y justificación.

FIN

Nota del autor: hasta aquí lo trágico. ¿Dónde está la comedia? ¿No lo oyen? Es Osama Bin Laden riéndose a carcajadas desde sus lejanas montañas…

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Vuelvo y revuelvo, como decía Calamaro. El periplo por el Tribunal Supremo y por Madrid ha durado al final cuatro días. Aunque, si soy sincero, el viernes ya habíamos acabado la parte “profesional” del viaje. Ese día lo pasamos entero en el Tribunal Supremo (nota: nunca he visto tanto mármol en el suelo ni tantas molduras en el techo como allí, si hasta las radiadores tenían relives ornamentales). Desde las 9:30 de la mañana estuvimos haciendo lo que se suele llamar “pasillo”. Sin embargo este eufemismo no se ajusta del todo a la realidad ya que el hecho de esperar durante varias horas en una sala con más metros cuadrados que muchas viviendas de 40 millones de pesetas (perdón, de las antiguas pesetas) mientras los nervios te consumen y el tiempo parece congelarse, debería tener otro nombre menos amable y más expresivo que “hacer pasillo”.

En cualquier caso, lo cierto es que vuelvo muy contento de este viaje. He adquirido mucha experiencia y cuando me toque a mi ir a examinarme al menos ya sé cómo es el sitio y cómo funciona todo. Se puede decir que he “humanizado” al Tribunal que nos examina. Ya no son una entelequia en mi mente sino unos señores de carne y hueso, con sus kilos de más, su alopecia y demás complementos humanos.

Ahora ya solo queda la parte más difícil del asunto: estudiar.

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